* INFORME

MIRADA DEL EXPERTO

BOLETÍN NRO 26

DICIEMBRE 2021

Mirada del experto

Magnitud y características de la mortalidad carcelaria en Argentina (2002-2019)*

Por Matias Bruno

Al igual que en la población general, las personas que habitan las cárceles se mueren, y por diferentes causas. Esto representa un problema en sí mismo, dado que las personas que cumplen una condena o la esperan dentro de la cárcel están bajo tutela del Estado y en las condiciones de vida propias del sistema carcelario. La responsabilidad estatal de estas muertes es un tema que desde hace algunos años los organismos de derechos humanos abordan de manera exhaustiva y comprometida. Pero la medición del fenómeno y su relación con la demografía carcelaria es otro problema cuyo abordaje sigue presentando algunos desafíos en Argentina. En este apartado se señalan solamente los rasgos principales de la mortalidad carcelaria argentina y su relación con algunos aspectos demográficos.

En esta investigación se indaga la magnitud y características de la mortalidad carcelaria argentina para el período 2002-2019, y su relación con la composición de la población presa, a partir de fuentes de datos oficiales y aplicando técnicas demográficas de medición y comparación. 

A diferencia de la población general, la composición y estructura de la población carcelaria (según sexo, origen, edad, y nivel educativo) tiene rasgos muy distintivos y permaneció casi invariable en el período bajo estudio. Las cárceles argentinas están habitadas predominantemente por varones (95%) nativos (94%) jóvenes (edad promedio 32 años) y bajo nivel educativo (7 de cada 10 completó el nivel primario al momento de ingresar a la cárcel). Para una población con estas características vale preguntarse ¿cómo es su mortalidad?

La fiabilidad de los datos oficiales sobre la situación en las cárceles es objeto de controversias -cuestión que también se aborda en la investigación- y no solo por razones metodológicas. Sin embargo, resulta necesario tomarlos como punto de partida para una aproximación al fenómeno. Los datos oficiales publicados por el Sistema Nacional de Estadísticas de Ejecución de la Pena (SNEEP) muestran que el número de muertes aumentó sostenidamente entre 2002 y 2019, pasando de 192 al principio del período a 310 hacia el final, con un crecimiento anual irregular. El incremento del 61% a lo largo del período respondería principalmente al crecimiento de la población carcelaria (117% en el mismo período), al generar mayor exposición, hacinamiento y empeoramiento de las condiciones de vida. En términos relativos, la tasa específica de mortalidad en cárceles (varones de 15 años y más) fue, para el período, de 3,6 por cada 1.000 personas. Comparativamente la mortalidad carcelaria es menor a la mortalidad de la población en el medio libre (10,7 por cada 1.000 personas). Sin embargo, las causas de mortalidad difieren significativamente, y una comparación exige definiciones metodológicas algo arbitrarias. 

Las controversias vuelven a tomar protagonismo, ya que las fuentes oficiales que registran la mortalidad carcelaria no publican sus datos siguiendo los criterios estandarizados del sistema estadístico de salud, y el circuito burocrático de cada defunción carcelaria desdibuja la continuidad clasificatoria al momento de reunir y triangular datos. Haciendo uso de las categorías oficiales, las muertes carcelarias “violentas” (que comprenden aquellas clasificadas como “agresiones” -intencionales o accidentales- y “suicidios”) representan un 34% de las defunciones totales de varones presos. En contraste, para la población general de varones, en el mismo período y grupo de edad, el promedio fue menor al 3%. 

Con todo esto, si bien la cárcel constituye un factor de “protección” frente a determinados riesgos de muerte (como los accidentes de tránsito, por ejemplo) las condiciones de vida y las características relacionales del entorno dejan en evidencia el enorme peligro que representa para los presos el paso por la prisión. El riesgo de una muerte violenta por agresión (intencional, accidental o autoinflingida) es prácticamente diez veces mayor dentro de la cárcel en comparación con el medio libre.

*Matias Bruno es sociólogo y Magíster en Demografía Social. Es investigador del Centro de Estudios de Población-CENEP (Argentina) y docente de posgrado en la Maestría en Criminología y Seguridad Ciudadana del CELIV en la UNTREF.

*Referencia a una investigación en curso para la tesis de Doctorado en Sociología (IDAES/UNSAM) dirigida por Carlos Grushka. 

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